Fernández propone referendo aprobatorio para modificar Carta Magna.El expresidente Leonel Fernández propuso en su alocución de este lunes en la noche que la modificación de la Constitución se haga luego de realizarse un referendo aprobatorio, ya que el pueblo es el que manda.

“Si el pueblo es el que manda, que se deje a la población que se exprese mediante la realización de un referendo aprobatorio para la reforma constitucional”, expresó el exmandatario.

Afirmó que el proyecto de ley que actualmente en el Senado, el cual procura modificar la Constitución de la República es insuficiente, y por lo tanto, inaceptable, por el riesgo y la inseguridad que implica para la supervivencia de nuestras instituciones democráticas.

Planteó que debería contemplarse modificar el artículo 270 del texto constitucional, para que en lo sucesivo, en forma directa señale que la Ley de Convocatoria a la Asamblea Nacional Revisora debe ser aprobada, ni siquiera como una ley orgánica, sino como una ley especial,  con las tres cuartas partes de la matrícula de ambas cámaras.

Al analizar la rigidez o flexibilidad de la Constitución, Fernández dijo que si es rígida es difícil de modificar, pero en cambio si es flexible se hace susceptible de ser modificada por cualquier capricho, quebrantándose, de esa manera, el Estado de Derecho.

“Me preocupa que se tejan ardides y se elaboren argucias para eludir el hecho de que una reforma como la que se está planteando requiera de algún mecanismo de legitimación popular, como sería el caso, por ejemplo, de un referendo aprobatorio”, argumentó.

El exmandatario señaló que en lo atinente a la celebración del referendo aprobatorio, previsto en el artículo 272, la propuesta es que el número de electores se eleve del 30 al 60 por ciento de los inscritos en el registro electoral, para de esa manera hacerlo más participativo y democrático.

Señaló, además, que desde el punto de vista jurídico, se puede modificar la Carta Magna, pero sostuvo que lo que ocurre es que tiene que hacerse respetando el procedimiento consagrado en la  propia Constitución.

“En ese aspecto, me preocupa que en el debate que ha surgido para modificar nuestra Carta Sustantiva, se quiera desconocer que la ley que convoca a la Asamblea Nacional Revisora sea una ley orgánica, la cual, por consiguiente, requiere de la aprobación de las dos terceras partes de los presentes,  tanto del Senado como de la Cámara de Diputados”, manifestó.

Fernández expresó que para modificar la Constitución se necesita una tercera parte de los miembros del Senado, o una tercera parte de los miembros de la Cámara de Diputados,  “es porque se trata de algo no ordinario, sino especial”.

“Luego, si conforme al artículo 271 de nuestra actual Constitución, para aprobar la reforma propuesta, la Asamblea Nacional Revisora, que es la reunión de ambas cámaras, Senado y Cámara de Diputados, requiere las dos terceras partes de los votos”, afirmó.

 

En ese caso se preguntó, ¿por qué razón, entonces, se le quiere negar la  condición de orgánica a la ley que declara la necesidad de reformar la Constitución?

Fernández dijo que contrario a la percepción que ha querido crearse, su observación a la reforma constitucional no obedece al hecho de que sea un ambicioso, un mezquino o un obstinado, sino más bien a una convicción;  de valores y de principios.

Afirmó que se han suscitado tensiones por el  intento de reformar la Constitución con el propósito de hacer posible la reelección presidencial. Además, dijo que debido a esta situación hay mucha intranquilidad y nerviosismo en distintos sectores de la vida nacional, y mucha angustia y ansiedad dentro de las filas del Partido de la Liberación Dominicana.

Tras hacer un recuento de que en su primer periodo de gobierno, en el 1996, el entonces presidente del Senado Amable Aristy Castro, el también dirigente reformista Donard Read Cabral, le visitaron en su para platearle la reformara constitucional, seguido de una visita suya el expresidente Joaquín Balaguer, dijo que en todo caso manifesté su desacuerdo, fundamentado en el hecho de que “no me parecía aconsejable modificar la Constitución para beneficio propio”.