Brasilia, Brasil. (AFP). El presidente brasileño, Michel Temer, realizó ayer una verdadera demostración de fuerza política pese a su impopularidad récord, al lograr que la Cámara de Diputados bloquee por clara mayoría una acusación de corrupción en su contra.
La posibilidad de juzgar a Temer como presidente fue rechazada por 263 diputados, frente a 227 que se pronunciaron a favor y dos abstenciones. Para ser aprobada, se requería una mayoría calificada de dos tercios, o 342 de los 513 escaños. En ese caso, el Supremo Tribunal Federal (STF) hubiera examinado el caso y, de admitirlo, Temer hubiera sido apartado de su cargo en espera del fallo final.
Temer sale fortalecido de la prueba, y con espacio para retomar su programa de ajustes, con el cual se propone recuperar la confianza de los mercados, en momentos en que el país emerge de dos años de recesión, con 13.5 millones de desempleados.
Después de haber bloqueado el techo de gastos por 20 años y flexibilizado la legislación laboral, su mayor desafío es ahora la reforma de las jubilaciones, que requerirá de una mayoría cualificada de tres quintos en la Cámara y en el Senado, por tratarse de una reforma constitucional.
Temer afirmó que la Cámara “se manifestó de forma clara e incontestable” y prometió proseguir con “todas las acciones necesarias para sacar al país de de su peor crisis económica” “Haremos mucho más poniendo nuestras cuentas en orden, de forma definitiva y equilibrada”, agregó.


